Antes de practicar un masaje debemos:

Estar relajados. Si hemos tenido un día difícil, debemos darnos un tiempo de desconexión antes de comenzar. Podemos sentarnos un momento, cerrar los ojos, respirar varias veces profundamente y dejar de lado los problemas que nos han ocupado durante la jornada. Mirémonos al espejo y comprobemos que en nuestro rostro -delator de nuestro estado de ánimo- no hay rastros de tensiones innecesarias -ceño fruncido, mandíbula tensa…- Sólo entonces estaremos preparados para empezar porque a través de nuestras manos, le transmitiremos a nuestros hijos nuestro estado energético.
Tener las manos calientes. Para ello bastará que las frotemos con energía o que nos las lavemos con agua caliente. Evidentemente, tener las manos limpias antes de comenzar es requisito indispensable.
Escoger un buen lugar. Dado que el masaje es una actividad relajante para el bebé, conviene buscar un lugar caldeado y agradable. Te sugerimos la habitación del bebé (sobre el cambiador, o sobre una cama); el baño, aprovechando la agradable temperatura que hay antes o después del aseo del niño; la habitación de los padres (sobre la amplia cama de matrimonio); o, durante el verano, una terraza o un jardín, cuidando de evitar corrientes de aire y exposiciones al sol innecesarias.
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